Camino a Santa Marta: construyendo rutas para salir de los combustibles fósiles

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El llamado a transicionar lejos de los combustibles fósiles dejó de ser únicamente una señal política y comienza a tomar forma como una agenda de implementación.

Tras el acuerdo alcanzado en la COP28 y las discusiones impulsadas durante la COP30 en Brasil, el debate internacional entra en una nueva fase: definir cómo materializar esta transición de manera justa, ordenada y equitativa, especialmente para las economías del Sur Global.

En este contexto se realizará la Primera Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, organizada por los gobiernos de Colombia y Países Bajos, que tendrá lugar en Santa Marta del 24 al 29 de abril. El encuentro forma parte de un proceso más amplio orientado a traducir el mandato climático del Balance Mundial (GST) del Acuerdo de París en decisiones e instrumentos concretos de política pública. .

Tres procesos en marcha

Las conversaciones sobre transicionar lejos de los combustibles fósiles avanzan impulsadas por tres dinámicas que ocurren en paralelo.

  1. La primera corresponde al proceso oficial liderado por Brasil, que ejerce la presidencia de la COP30, que abrió una convocatoria internacional para recibir aportes a la construcción de una hoja de ruta sobre esta transición. El objetivo es identificar barreras, palancas de acción y experiencias existentes que permitan traducir el llamado del Balance Mundial en opciones concretas de implementación de cara a la COP31 en Turquía.
  2. En paralelo, organizaciones y redes regionales avanzan en la construcción de una hoja de ruta latinoamericana para la salida de los combustibles fósiles. Esta iniciativa busca articular una visión regional en torno a principios, metas, fases y medidas habilitantes para una transición justa. Esta se complementará con los aportes de más de 40 organizaciones que se reunirán de manera presencial en el Retiro de Organizaciones de la Sociedad Civil en Santa Marta. Se espera que este esfuerzo se consolide en un documento que pueda presentarse como insumo en las sesiones climáticas de Bonn, antesala de la COP31.
  3. La conferencia de Santa Marta prevista para finales de mes constituye el tercer espacio en este proceso.  Tras una fase inicial de recepción de aportes escritos, la iniciativa ha continuado con diálogos técnicos virtuales y se concretará con encuentros presenciales entre gobiernos, sociedad civil, academia y sector privado, así como una reunión de alto nivel a la que más de 45 gobiernos han confirmado asistencia.

Entre los posibles resultados se encuentran la formación de una coalición de actores comprometidos con la implementación, la elaboración de un reporte de soluciones que alimente los procesos multilaterales en curso y la convocatoria a una segunda conferencia  en 2027.

Barreras estructurales

Los aportes técnicos coinciden en que la transición enfrenta obstáculos estructurales.

Uno de ellos es la persistente dependencia fiscal y económica de los combustibles fósiles. En varios países productores, los hidrocarburos continúan siendo una fuente central de ingresos públicos, exportaciones y generación de divisas.

A esto se suma el elevado costo del capital para las economías emergentes, lo que limita la financiación de  infraestructura clave: redes eléctricas, almacenamiento y procesos de  electrificación, a la escala requerida y, en general, todos los procesos de transformación necesarios para avanzar en la transición.

Finalmente, persiste una desalineación en la planificación energética, donde la expansión renovable, la reducción de fósiles y las políticas de eficiencia energética suelen abordarse de forma fragmentada, lo que dificulta una transformación coherente del sistema energético. 

De la discusión a las soluciones

Las discusiones hacia Santa Marta también están comenzando a identificar instrumentos para enfrentar estos desafíos. Entre ellos destacan mecanismos para acelerar la expansión de redes eléctricas y las interconexiones regionales; paquetes fiscales que redirijan recursos desde subsidios a los combustibles fósiles hacia inversiones en transición energética; y planes territoriales orientados a acompañar a regiones altamente dependientes de actividades extractivas. 

Sin embargo, los retos siguen siendo significativos y las soluciones dependen tanto de la capacidad técnica como de la articulación de voluntades entre múltiples actores. Santa Marta no resolverá por sí sola el desafío de la salida de los combustibles fósiles, pero puede marcar un avance relevante: pasar del diagnóstico a la construcción de rutas concretas de implementación para una transición energética justa en América Latina.

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